Las niñas tienen que ser valientes

martes, 21 de julio de 2009

Todo lo había matado su primer dolor; ese secreto que guardaba y la había desgarrado por fuera y, sobre todo, por dentro.
¿Dónde había quedado su cuerpo? ¿Quién le había robado su inocencia y arruinado su valía?
Las asquerosas manos del cazador manoseándola, sus ojos suplicantes, su corazón acelerado. Su boca muda, muda, rogando en silencio: "Que acabe ya, por favor, que acabe ya", en aquel lugar perdido, bajo la sombra de un árbol en el bosque.
Todo tan limpio y ella tan sucia...
La brisa de la tarde levantando su vestido. Angustia. El piar de los pájaros en sus nidos, su braguita abajo. Terror. Sus muslos abiertos a la fuerza... y el agrio hedor de aquella piel marchita, en descomposición. Miedo.
El vaho caliente de su fétido aliento sobre su cara... ese calor que se acerca, el contacto. Sus gruesas manos, ásperas, hirvientes, arañando su infancia... y aquellas uñas que lastiman, que rasgan, que hieren, mientras su madre en casa probándose sus nuevos vestidos, y su padre cantando meláncolicamente en algún rincón de la ciudad. Sus hermanas regresando del colegio. Todos en sus mundos mientras aquellos dedos repugnates se clavan en su vagina una, y otra, y otra, y otra vez.
Le dolía, claro que le dolía, pero ella era valiente y no gritaba. "Las niñas tienen que ser valientes", le decía su madre mientras le metía en la boca la cucharada del jarabe que odiaba. Ganas de vomitar, pero se aguantaba. Ganas de llorar, pero nada brotaba de sus ojos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Espejito, espejito, espejito... ¿quién es la niña más valiente de todo El Reino?

CandyCane dijo...

Uha .___.